viernes, 25 de noviembre de 2011

"Locura de los demás y nunca miro la mía" ECDL

Hace poco menos de un año el gran "Don Sabelotodo" de esta Universidad criticaba con desdén la maravillosa historia de Alicia. Que era absurda decía, y se reía pedantemente con una especie de cosa que puede llamarse carcajada. Que no tenía sentido. Como si lo que él dice tuviera algún tipo de sentido. No le dije nada porque habría quedado como una maleducada, eso si le hubiera dicho todo lo que entonces se me había pasado por la cabeza. 

Y es que no he conocido a nadie del que pueda decir que no es particular, especial o un poco "loco". Será porque no llego a los veinte, o puede que simplemente resulte que todos tenemos algo de locura. Sabéis, no. No es eso. No somos locos en un mundo de cuerdos, ni cuerdos en uno de locos. Somos personas, eso es todo (y menudo todo), ¿qué es lo que no se comprende? y bueno, Alicia, Alicia no estaba loca. Alicia sabía cómo vivir.

Sofía





Diálogo de A. en el País de las Maravillas

"Alicia, aquí todos estamos locos; yo estoy loco, tú estas loca...."

domingo, 20 de noviembre de 2011



Fotografía publicada por El País.



Hoy elecciones, claro que sí, como si solo nos hiciera falta eso. Y todos sonriendo como si tuvieran un inquietante problema mental. Siento ser yo la que tenga que decir esto pero, oigan, nada va a cambiar mientras frases como la que sostiene el ateniense de la foto sigan resonando en toda la humanidad.

Sofía

martes, 21 de diciembre de 2010

Desastre afectivo

No tenemos la culpa. Quisimos más amor y no pudieron dárnoslo. Nacimos quizás con una horrible tendencia a llamar la atención, a ser queridas, a querer, a que, de hecho, nuestra vida girase en torno a eso. Tampoco tenemos la culpa de enamorarnos, de siempre desear más, no somos culpables de nuestra sensibilidad, de esas lágrimas después de una película absurda, de nuestro frío y duro caparazón para proteger nuestro endeble corazón. El mundo nos hizo así, ¿no es cierto? No puedo evitar echar de menos a ciertas personas que sé que probablemente hayan olvidado mi nombre, no puedo evitar sonreír si recuerdo algún momento absurdo, no puedo dejar de pararme en los lugares en los que viví aquellos instantes, de pensarlos y analizarlos como si fueran, acaso, importantes. Pero sobreviviré, lo juro. Se llama desastre afectivo.
Sofía.

miércoles, 19 de mayo de 2010

La Fe en días como hoy.

No hace falta irse muy lejos para ver lo cruda y triste que se ha vuelto la realidad.
Hemos ido trazando un camino hacia ninguna parte huyendo de ruidos poco agradables, y ahora, ahora estamos tan lejos que apenas podemos oír nada, ya no importa quien queda a nuestro lado, sólo los pies que ya caminan por inercia sobre la ardiente arena de un desierto interminable, hace tiempo que olvidamos por qué caminábamos, ya sólo andamos, nada más. A veces, a lo lejos nos parece ver algo, pero eso sólo le sucede a unos pocos, la mayor parte de nosotros ya no ve nada, somos animales que caminan por algo que ya ni siquiera puede denominarse instinto. Hemos perdido los valores, nada importa, nada salvo la verdad de cada uno, el interés propio e individual que ni siquiera es fijo, es absolutamente variable, cambia cada poco tiempo, intereses que se sobreponen, no es una jerarquía, no, no es orden, nos hemos rebelado contra él, nos hemos rebelado contra la naturaleza, y ésta ya ha reaccionado. Los seres humanos -si aún somos dignos de llamarnos de este modo- hemos distorsionado de tal forma el entorno que se nos ha brindado que ya nada está claro, es casi lógica la confusión que vivimos, hemos mezclado el bien y el mal en algo sin nombre, ya nada tiene valor, ni siquiera nosotros mismos; amor, dignidad, nuestra propia vida. Nos vamos perdiendo en un agujero negro que -en efecto- no va a ninguna parte, ya no caminamos de la mano, ya no le seguimos a Él, ni siquiera nos dejamos llevar por alguna fuerza, tampoco caminamos a contracorriente, sólo andamos a la deriva. Hemos olvidado cuáles son los medios, y lo que es más importante, cuáles son los fines. Estamos perdidos. Sálvese quien pueda.
La Fe es un don, la Fe es lo más valioso que existe, no puedes decidir tener fe de la noche a la mañana, es imposible, la Fe simplemente te es dada, viene como un soplo de aire fresco en un bochornoso verano. Con Ella todo es más fácil, con Ella caminas por un camino ya trazado, caminas hacia el más alto lugar, con Ella existen razones para la esperanza, con Ella la inteligencia es capaz de adaptar lo verdaderamente valioso a tu entendimiento, con Ella no sólo caminas.

lunes, 29 de marzo de 2010




"Sólo necesito ver qué es lo que hago cada día para enloquecer ¿qué fue de la chica que desplegaba sensaciones pop para una vida mejor? "


A veces me paro y leo los párrafos tan divertidos de mi pasado, de aquel pasado en el que era incapaz de controlar el ser tan impulsiva, donde mentía por doquier y daba igual, imaginaba mi propio mundo y ansiaba contarlo pues para mí resultaba tan real que no podía sentirme mal por ello, un pasado en el que la mitad de tonterías del día habían salido -como no- de mi boca, una época en la que la imaginación rozaba la esquizofrenia , en la que -por supuesto- no sólo daba igual el dichoso qué dirán sino que además ignorábamos su existencia, en la que, que te gustara un chico era -sin duda- el entretenimiento del año, pues hacía mil planes, esquemas, mapas conceptuales con tal de que se fijase en mí, y ¿ahora qué?, no he cambiado, por supuesto que no, soy yo, Sofía, la de todos los días, la de, por favor no hables así, la de cállate ya sofi y déjame dormir, la de cómo se te ocurren esas cosas, sólo que ahora soy más alta, y creo aparentar ser más seria y madura en mis decisiones y actuaciones, pero soy yo, y no me gustaría dejar de serlo.

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Supongo que el mundo no sería lo mismo sin esas enormes, maravillosas, brillantes y amarillas réplicas del Sol. Nada sería igual sin girasoles.