martes, 19 de junio de 2012

"El amor está en todas partes"

“El amor está en todas partes.” Así empieza una de mis películas preferidas, una de las que me hacen llorar a moco tendido cuando ya creo haberlo perdido todo. “El amor está en todas partes”, y aparece una entrañable imagen en la pantalla. Un aeropuerto, cientos de reencuentros acompañados de frases dramáticas y descaradamente manipuladoras. Y de pronto la atmósfera te envuelve, y ahí estás, frente a la televisión con un tremendo nudo en la garganta que te hará llorar por personajes que ni siquiera existen.

De verdad que no miento cuando digo que amo a todo el mundo. No trato de tirarme flores. Amo los andares de algunos hombres, esa forma que tienen de levantar la ceja las mujeres atrevidas y sin pelos en la lengua, las risas, el sufrimiento que comporta la vida, amo a las personas por lo que son, por lo que son capaces de ser y no por lo que tienen. Pero, ¿para qué engañarnos? También me sorprendo indefensa ante la falta de un amor de los que hablan todo el rato mis películas favoritas de lágrima fácil. Y como si en una psicoanalista me hubiera convertido, me descubro realizando la mayor introspección que he hecho jamás, un viaje hacia mi intensa memoria y mi corta historia, y entonces me reprocho: Sofía, ¿por qué no puedes amar? (en el segundo sentido del que estamos hablando, claro) y ahí está él, de pronto, frente a mí, con esa sonrisa absurda y esas odiosas gafas. Y “et voilà”, parece que me habla y que me dice: “Destrozar a una mujer una vez es solo el primer paso para que ella se convierta, en adelante, en una mujer destructora”.


Sofía

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Supongo que el mundo no sería lo mismo sin esas enormes, maravillosas, brillantes y amarillas réplicas del Sol. Nada sería igual sin girasoles.