miércoles, 1 de agosto de 2012

Buenos días, agosto




Buenos días, agosto. ¿Cómo has dormido? Pensé que no llegarías jamás. Y aquí estamos, otra vez los dos. Sabes… cada vez que nos encontramos después de tanto sin vernos me invaden un sin fin de recuerdos y me transporto en el tiempo, allá cuando aún no tenías esas jóvenes arrugas, allá cuando aprendías a nadar en las aguas del Mediterráneo, allá cuando empezabas a amar, y por un segundo se me olvida que estás aquí, con esas patillas tan modernas y ya canosas, mirándome y esperando ese abrazo de reencuentro. ¿Dónde quieres ir? A veces pienso que te aburres de este sol, de esas tormentas tan predecibles de los últimos días, me pregunto si no te gustaría ser septiembre, pero en seguida me digo a mí misma lo equivocada que estoy. Quién sería septiembre pudiendo ser agosto. Iremos a pasear solos, como siempre, porque estoy cansada de julio y esas aglomeraciones de gente que no conozco y que jamás conoceré, de junio y ese olor a pólvora. Quiero estar sola, sola contigo. Solo te pido que no te marches pronto, agosto. Que te quedes un poco más, que le digas a septiembre que siga durmiendo, que todavía no le esperamos.

Sofía

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Supongo que el mundo no sería lo mismo sin esas enormes, maravillosas, brillantes y amarillas réplicas del Sol. Nada sería igual sin girasoles.